El blog de Rafa Yuste
 
Foro Social Temático Español 2009: Espiritualidades y Éticas para otro Mundo Mejor Posible
 

Se va a celebrar en el Palacio de Congresos de Sevilla del 10 al 12 de octubre. Lo convocan más de 100 movimientos, organizaciones e instituciones sociales. Voy a asistir en representación de la Misión Obrera de la Compañía de Jesús (jesuitas). El traerlo a mi blog es porque quiero, además de darlo a conocer a quienes lean esto, reflexionar sobre su contenido y su sentido.

Empecemos por la finalidad: para otro mundo mejor posible. Es la formulación que viene dando el Foro Social Mundial al esfuerzo conjunto de movimientos sociales mundiales que empezaron reuniéndose en Porto Alegre, Brasil. Si se concibe otro mundo mejor es por la frustración, la indignación y la responsabilidad que provoca la situación de este mundo nuestro. Desde el paso, entonces todavía tenebroso, del animal al ser humano, junto a innumerables prodigios, vemos un mundo frustrado por la injusticia, la vanidad, la manipulación y el abuso de los seres humanos. Basta abrir los ojos, explorar la trama de las relaciones humanas individuales y la trama social e histórica, para descubrir esa frustración injusta y poderosa. Y nos atañe a todos. Las situaciones y estructuras de injusticia en nuestro mundo actual confluyen todas en la muerte temprana e injusta, o en una vida infrahumana, de tantas personas, causada por la pobreza, la violencia y la guerra; tantas muertes causadas por innumerables actos de codicia, de abuso, de desprecio de la vida; tanta violencia y tortura, tantos derechos negados o violados, tanta intemperie de hogar, de alimento, de reconocimiento; tanta explotación en el trabajo, en el sexo, en el trato discriminatorio o vejatorio. Mientras tanto, tanta indolencia, anta banalidad e inanidad, tanto derroche, hipocresía y abandono de los que tenemos riqueza, poder, ciencia y técnica, y saber. Es indecible el sufrimiento, el dolor, la soledad e impotencia de tantas personas de todas las edades…

Y si del mundo humano dirigimos la vista a la naturaleza, junto a tantos prodigios de la ciencia y la técnica, la presencia del ser humano, al menos desde la presencia con poder de actuación sobre sí mismo, sobre los otros y sobre la naturaleza, está acarreando un permanente deterioro, un derroche irresponsable y un olvido del cuidado.

Es claro que los seres humanos aspiramos mayoritariamente a la construcción de una sociedad digna y fraterna y a un uso racional y responsable de la naturaleza. Pero no lo estamos consiguiendo. Al contrario, pareciera que cada vez perdemos más el rumbo. Pero ese otro mundo, soñado por algunos como armonía original o como proyecto, aunque por el momento sea utópico (es decir, no esté en ninguna parte) es posible y es necesario.

Podemos pensar que las espiritualidades y las éticas, han surgido ante la evidencia de esa frustración y ante la necesidad de una tarea de (re)construcción de la reconciliación y la armonía. Razonablemente, la respuesta, ante un mundo humano desgarrado por la injusticia y ante la frustración que provoca, no puede ser otra que poner la inteligencia y la bondad humanas, cada uno la suya y colectivamente todos, al servicio de esa tarea. Es una tarea fundamentalmente secular, fundamentalmente ética, fundamentalmente política. A eso se orienta la bondad sencilla de unos con otros y el cuidado de la comunidad. Y a eso apuntan todas las conquistas sociales y políticas en el terreno de los derechos universales, de la igualdad social, del respeto a la dignidad y del cuidado de las personas, que suponen una reducción de la violencia y un relativo triunfo de la fraternidad. A eso apunta también la actual preocupación ecológica. Pero no como un ideal abstracto de adecuación a una armonía original, ni a una natural y eterna esencia del hombre, de la moral o de la sociedad, sino como un proceso siempre en curso, de humanización, de crecimiento, de servicio, que suponen la renuncia a la violencia y el crecimiento de la solidaridad y de la ternura.

La expresión “espiritualidades” puede crear confusión o prevención en algunos. Sobre todo entre quienes han dicho adiós a la religión con la sensación de alivio y liberación. Pero es que, una persona con espiritualidad no tiene que ser necesariamente religiosa. Hay personas con espiritualidad no religiosa e incluso alternativa a la religión. Se trata, en el fondo, de una visión trascendente y profunda de la vida, de lo que motiva en cada persona la solidaridad, la lucha por la justicia, la búsqueda de la paz, o el cuidado de la naturaleza. Es decir, espiritualidad es una forma de dar valor a la vida humana, de tener una poética creativa, de negarse a la clausura de la existencia en el espacio natural y de experiencia directa y en el egoísmo y enclaustramiento en sí mismo. Hablar de espiritualidades y éticas es hablar de motivaciones de la acción, de recursos para sostenerla, de autocrítica para reorientarla.

Cuando de lo que se trata es de construir una sociedad más justa y fraterna y una tierra más habitable, lo más importante no es clasificarnos, sino salir de nosotros mismos, romper con el egocentrismo, por tanto abrirse a un futuro compartido, colaborar en la solución de los problemas humanos, ser responsables y solidarios. Y realizarlo con esperanza. Y con magnanimidad. Comprometiendo en ese proyecto toda la persona.

Las espiritualidades y las éticas nos urgen a actuar y a actuar con esperanza. Puede que sean una verdad sólo compartible desde el convencimiento y el testimonio, imposible de imponer, sólo universalizable mediante la oferta. Pero pueden ser una verdad tan poderosa que de hecho ha transformado y determinado millones de vidas y pueden seguir haciéndolo. Un mundo mejor posible sólo será verdad en la medida en que lo realicemos. Sin la coartada de que muchos otros no lo hacen. La tarea de la espiritualidad y la ética es precisamente alimentar la esperanza del triunfo del amor sobre el mal y sobre la injusticia y fortalecer a quienes luchan por acelerar su venida.

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