El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
odisea Griega.
 


A través del transparente cristal la observo, vendido al deshielo de su sonrisa altruista, de sus ojos cerrados a la noche. Vendido a su aroma me siento, como el que no deja una rosa acolcharse a los turbulentos hitos del amor, locura del ventanal acristalado que me permite ver belleza por todos sus lados.


 


Como diosa de poniente te acercabas a mí lentamente mientras te mordías el labio inferior, a kilómetros se podía percibir tu lujuria, tus ganas de fusionarte con la naturaleza carnal, y eran explícitos tus deseos de mantener un ritmo nada banal bajo la Luna llena. Posabas tu rostro en la parte derecha de mí lánguido y desnudo cuello, lo recorrías de arriba abajo con la afilada punta de tu nariz, y mis diminutos bellos se acurrucaban entre ellos al alterarlos con el rítmico y sensual vaho que emanaba de tu boca de mimbre.


 


Imperturbable fémina de filmes pechos, de melosos besos y de moreno pelo, rociando deseos por los adoquines de mi carrera, que atisba desnuda mis fallos de amor ataviados de prudencia. Te observo y me quedo, encima del bordillo del tiempo, en el contenedor de la emoción aprisionada, en el llanto que relaja el miedo. Y me acaricias y me pides, que no luche contra el demonio de adentro, el vampiro de las posibles verdades, el que atomiza los sueños, y el que corta el vacío del momento


 


Me atabas la cintura con tus suaves manos, esquivando los diversos atuendos que se asentaban en el camino, desabrochabas el girasol visco que vigilaba la noche con atenta precaución, y las paredes del habitáculo comenzaban a derretirse pausadamente. Con tanteo y mirada indiscreta, llegaban tus finos y delicados labios que envuelven tus besos afrutados, a tocar los míos, alados y desorbitados, se borraba la rutina de mi cabeza, se desdibujaba las fantasías reprimidas.


 


Y es que con tu mirada me recortas del entorno, y me dejas que saque un suspiro cerca de tu cuello, el cual lo beso despavorido, por si cuando vuelva a mirarte ya no estás dentro. Querida sonrisa altruista te traigo un bonito regalo, dejadme llevar en brazos ante el baúl de la pasión escaldada, ante un apretón de dos cuerpos revelados.


 


 


Nos visitaba el sol por la permisiva ventana, por un día éramos nosotros los que estábamos más desnudos y brillantes que él. Tú, posada en la cima del edén, sonriendo al cielo, mordiendo las casualidades y los vaivenes, yo soplándote en la espalda y respirando el aroma de tu pelo. Tu ombligo se vuelve rebelde, y me condena al infierno, donde vivo feliz… por sus senderos corriendo.


 


 


Sin mediar canción, con lujuria y gritos de reno, despego de mí el aliento que en su días me trajo lamentos… me poso en los hombros del cielo para que me lleve a lugares donde no llega el viento, resguardo los poros de tu piel con las caricias de mis labios, para luego despegar sin tiento. En la lengua está el vicio, de saborear cada rincón de tu cuerpo, que me envuelve con talentoso deseo, y aspiras cada vez que me coloco más adentro, como una oruga se esconde en el capullo de su seno…………Me miras y me golpeo ante el espejo, para darme cuenta que nada es lo que temo, sino tu sonrisa, tu entrega y tu pelo, que me observan detrás del cristal, cuando mis ojos perfilados de negro, se desploman en la avanzada madrugada, y voy, y me deshielo de nuevo.


Ver comentarios

No existen comentarios para este artículo.
add
 
Otros artículos del autor
 
 
© Octubre 2010 - Ochavillo.com - Powered by Aldea Digital