El Blog de Irene González Dugo
 
La necesidad de 'Me gusta'
 

 


Una reflexiona a veces sobre el mundo que le rodea. Se plantea eso de quienes son sus verdaderos amigos, en quién puede confiar, a quién le debe qué. Se plantea también quién de sus 200 o 300 amigos en facebook se acuerda realmente de su cumpleaños o quienes de verdad estarían dispuestos arriesgar algo suyo por ti. Melancolías que llegan normalmente en momentos aburridos, cuando la cabeza, agotada de no hacer nada, decide dar vueltas y vueltas y marear lo que en época de estudios y trabajos ni siquiera nos hubiéramos planteado.


Mostramos al mundo, a nuestro pequeño perfil que sólo observan nuestros 300 amigos y millones de empresas, cómo nos sentimos en cada momento: tristes, alegres, apagados, confusos, enfadados, angustiados, hastiados, hartos, deprimidos, felices, efusivos, expectantes, intrigados, asustados, etc. También marcamos donde estamos, en casa, en la facultad, de fiesta, en el tren, en el avión, camino de, esperando en, en el baño, de tiendas, en la biblioteca, en casa de, etc. Así como nuestra situación sentimental, solteros, con alguien, casados, en relaciones complicadas, buscando chicos, buscando chicas, con rollo, con follamigos, etc. O incluso qué estamos haciendo, ver la tele, estudiando, leyendo, de compras, escuchando música, viendo una película, pensando en las musarañas, preparándonos para salir, tomando unas cañas, etc. Subimos fotos de lugares donde hemos estado, de personas con las que hemos disfrutado, de paisajes que hemos contemplado, de imágenes que nos parecen graciosas. Compartimos canciones que nos gustan, que representan lo que sientes o lo que quieres sentir en cada momento, que ponen banda sonora a tu día y a tu vida. Colocamos enlaces interesantes, artículos de periódicos, poemas, vídeos sobre política.


¿Por qué? Porque necesitamos un “Me gusta” de quien sea.


Nos movemos en una red donde aquello que no es marcado de forma positiva por alguien, no tiene sentido. Esperamos una respuesta a la información que estamos ofreciendo, ya sea personal o no. Necesitamos que alguien comente, comparta o admire subiendo visitas lo que ponemos. Dependemos de una respuesta para sentirnos a gusto con uno mismo.


No subimos cualquier foto, subimos las fotos que queremos que los demás contemplen. Subimos aquellas que demuestran que estás rehaciendo tu vida, aquellas que muestren que eres feliz en otra parte del mundo, que estás descubriendo la fiesta y el nuevo ambiente. Etiquetamos fotos donde salimos bien, donde la gente nos diga lo guapos que salimos, lo bien que se nos ve.


No subimos cualquier canción, subimos las canciones que sabemos que tenemos en común con otras personas. ¿Cuántos de nosotros bailaron ‘Corazón latino’ o tararearon ‘Aserejé’? ¿Cuántos de nosotros tuvieron su época cani (algunos más que otros) cuando ‘Baila morena’ pegó el puntazo? ¿No fueron momentos buenos? O mejor, ¿no da más risa aún recordarlos? Sin embargo, parece que hacer memoria es un error, y nos volcamos en los difíciles de entender Love of Lesbian, mostramos disconformidad con Ska-p, nuestro momento más animado con música de los 40, o en una búsqueda de mostrarnos interesante, enlazamos música que nadie conoce y que dejas caer “que la escuchas desde siempre”. Las personas a las que, entre líneas, se la dedicas marcan su punto positivo, unos 5 de tus 300, también.


Cuando comenzamos a compartir nuestras ideologías políticas, no subimos lo que nos parece más coherente, lo que encaja con nuestra razón y nuestra lógica, sino lo que sabemos que causará más puntos positivos entre nuestros allegados. Nadie da su voto positivo a algo por lo que nos vayan a tachar de, y si lo hacemos, será en privado.


En cualquier proceso comunicativo es necesario el feed-back (me gusta esta palabra, pero también me sirve retroalimentación), la respuesta que debe generar lo que expresamos. Sin embargo, a través de esta nueva comunicación, buscamos la respuesta que queremos, no cualquiera que pueda salir. Necesitamos que la gente apoye lo que decimos, que comenten y completen lo mostrado, al fin y al cabo, que nos haga subir esta autoestima que sin darnos cuenta, tenemos por los suelos.


Por supuesto, primera persona del plural, en todas estas líneas me defino también a mí misma, porque formo parte de ello, de esta necesidad de “Me gusta” y como todo lo expresado anteriormente, busco descubrir quién más está de acuerdo conmigo.


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