El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Johan llega a la ELA de Ochavillo
 

Era un pasillo largo, el juego de luces que presentaba, gracias a los escasos y tímidos rayos del sol que penetraban por las pálidas vidrieras, le daba una estructura esquelética y un toque de tenebrosidad. El espacio estaba frío, húmedo, solo se escuchaba mi cortada respiración y el latir de mi corazón y aquella atmosfera perecía volatilizar mi desconcertada ánima. A lo lejos, en el final del pasillo e imperceptible a mis ojos, se hallaba mi objetivo, la puerta, que no solo estaba cerrada, sino que también estaba guarecida por densas sombras. La verdad, no tengo la real certeza de que tal puerta se encuentre tras las sombras, quizás sea de tanto oír las infames voces que niegan tal evidencia, las mismas voces que juegan con el diamante y el granito a dar órdenes mientras alzan sus súplicas a la piedra filosofal. Realmente no soy un alquimista. El nerviosismo ha consumido ya todo mi cuerpo y juego a roca, tijera y papel para armarme de valor y lanzarme hacia la puerta, pero gane quien gane lo haré yo, así que voy. Echo a arrastrar las cadenas que cuelgan de mi cuello para producir una comparsa entre estas y mis prudentes pero firmes pasos al caminar. Al tiempo que camino voy despojándome de toda la opresión contenida, de todo el odio y pesadumbre, pero sin dejar de intentar ver tras las sombras.

El pomo de la puerta tiene un colorido dorado que no me da buena espina y la misma puerta refleja un tono incoloro que me desconcierta. Adelanto mi mano hacia tal pomo y aún sin llagar a rozar mi piel con él, puedo percibir el frío vientecillo que irradia. Con toda circunspección giro la masa de hierro dorada con su consiguiente agudo chirrido. Más oscuridad, y entre esta oscuridad, una mesa repleta de cebollas las cuales son cortadas por hombres vestidos con traje de corbata, pero lo más extraño de todo, no eran ellos los que lloraban, sino las cientos de personas que a su alrededor se asentaban. ¡Que triste! la cebollas son de todos, y son solo unos grupos las que las cortan ¿serán para repartirlas? Es la pregunta clave. Posteriormente veo colgado una señal que decía “ELA de Ochavillo” y como acto espontaneo me embolso una gran sonrisa, enciendo un puro cubano y me dedico a divisar el panorama.

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