El blog de Rafa Yuste
 
Mi casa -mundo- y sus alrededores
 

[i]Uno no escoge el país donde nace, pero ama el país donde ha nacido.
Uno no escoge el tiempo para venir al mundo, pero debe dejar huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.
Nadie puede taparse los ojos, los oídos, enmudecer y cortarse las manos.
Todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer, una meta que alcanzar.
No escogimos el momento para venir al mundo: ahora podemos hacer el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros.[/i]

Amigos y amigas de Ochavillo. Escribo este nuevo blog desde Brasil. Quizá por eso, al estar fuera de mi mundo habitual, me viene a la mente escribir sobre el mundo. Los seres humanos necesitamos una casa. De niños, nuestra casa es lo que está al alcance de nuestras manos. Poco a poco, a medida que crece nuestro darnos cuenta, nuestra casa se va agrandando. Y llega a ser tan grande que afirmamos que nuestra casa es el mundo. Estar en el mundo es estar ya siempre enclavados en una realidad distinta de nosotros en interacción con ella. Algunos filósofos han hablado de un estar arrojados al mundo. Desgraciadamente muchos seres humanos viven su vida así, como arrojados a un mundo inhóspito. Sin embargo, hoy pulula por doquier la expresión de que ¡otro mundo es posible! Como en otro tiempo se hizo famosa aquella de que ¡la solidaridad es la ternura de los pueblos!

Pero ¿qué es el mundo? El pensamiento de la humanidad ha buscado desde siempre entender esa realidad en la que está y de la que forma parte. Se ha preguntado sobre el origen, si el mundo ha tenido un comienzo o ha existido siempre, sobre la dimensión del mundo, si es finito o infinito, y sobre si el mundo tiene un destino, está orientado hacia algún punto final. La ciencia va contestando, todavía fragmentariamente, a algunas de esas preguntas. Pero el conjunto de ellas nos sobrecoge, nos sobrepasa, nos aboca al misterio que nace de una ignorancia hoy por hoy invencible. Las filosofías y las religiones se han atrevido a ir más allá, a dar respuestas a esas preguntas, sin que hayan conseguido aquietar nuestro espíritu indagador.

Es verdad que todos amamos el pequeño trozo donde vimos la luz. Sin embargo, creo que no debemos amarlo hasta el punto de ser etnocentristas, de creer que lo nuestro es, por ello, lo mejor. Hay una pugna inacabada entre lo particular y lo universal. Es legítimo ser nacionalista, pero no hasta el punto de encerrarnos en nuestro reducido entorno nacional.

Nuestro estar en el mundo nos aparece también como estar en el tiempo. Estamos inmersos no sólo en el tiempo del reloj, sino en una vida dada como quehacer, como proyecto vital, siempre lanzados hacia el futuro. Nos hacemos humanos eligiendo en un tejido de posibilidades y vivimos humanamente optando entre ellas. Tenemos, además, conciencia de nuestra realidad temporal como limitada, abocada al trance final de la muerte. Por ello debería urgirnos, me parece, la responsabilidad de dejar nuestra huella en nuestro mundo.

Nuestra mundanidad es comunitaria. Aunque en la persona humana hay una radical soledad (solo ella vive su intimidad, siente sus dolores y sus gozos, toma sus opciones decisivas) se trata de una soledad radicalmente destinada al diálogo, a completarse en la comunidad. Nos acecha como una epidemia el individualismo, pero creo que nadie puede taparse los ojos, los oídos, enmudecer ante la injusticia, cortarse las manos que pueden trabajar, ayudar y acariciar a tanta persona que sufre.

Finalmente, nuestra mundanidad es histórica. Cada sujeto existente es esencialmente histórico. Historicidad que tiene que ver también con la creatividad. El hombre moderno, sobre todo, se siente autor y creador del mundo que él mismo va configurando.

Nuestras preguntas sobre el mundo tal vez no tengan una respuesta teórica, pero nuestro estar en el mundo puede estar orientado. Tenemos que vivir en la incertidumbre. No podemos esperar a tener todas las respuestas para orientar el curso de nuestra vida personal y de nuestra vida colectiva e histórica. Todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer, una meta que alcanzar.

Desde la bella ciudad de Florianópolis, en el Estado de Santa Catarina, al sur de Brasil, mientras el rumor de las olas acaricia mis oídos y mi vista se recrea en una pléyade de surfistas de torsos atléticos, un saludo y un abrazo para todos los amigos y amigas de Ochavillo.


Rafa Yuste

Ver comentarios

Desde Ochavillo, gracias Rafa por deleitarnos con tus sabios comentarios.

No registrado (OCHAVILLERO) Comentario realizado el 10 de Marzo de 2007 a las 18:56:25    Denunciar comentario
add
 
Otros artículos del autor
 
 
© Octubre 2010 - Ochavillo.com - Powered by Aldea Digital