Ochavillo en las vivencias de Manuel Delgado
 
A los curas obreros de Fuente Palmera
 

A Paco, Rafa y Miguel Angel


Hasta ahora nadie en la Colonia de Fuente Palmera ha hecho justicia con el público reconocimiento del gran regalo que fueron para nuestros pueblos esos tres hombres, curas sin sotana, venidos para mostrarnos el rostro cercano y humano de una Iglesia fraternal con los empobrecidos de entonces, nueva y liberadora de tantas ataduras. Incluso con el tiempo, aquella etapa se nos presenta por la jerarquía actual de la Iglesia, y un sector de la misma, como un error afortunadamente rectificado.


Por una vez vimos como la Iglesia se ponía del lado de los perdedores, como evidenciaban con su vida y su palabra la inhumana lógica del capital, del mercado, de los privilegios ancestrales del caciquismo agrario andaluz, y los desastres que provoca. Después de verlos compartir con sus compañeros el tajo, los sudores y fatigas de una dura jornada de algodón, o de aceituna, sin otra pretensión que mostrarse cercanos y en disposición de ayuda, sin exigencias ni adoctrinamientos, era más fácil entenderlos después en la Iglesia cuando nos decían: Dios es amor.


Cuando hablamos de los tiempos de la transición política, nos referimos al papel fundamental del Rey, de Suárez, y algunos llegan a reconocer la grandeza, generosidad y sensatez del Partido Comunista. Sin embargo, quiero reconocer hoy el inmenso papel que jugaron las organizaciones obreras cristianas y los curas de la teología de la liberación, tanto en el debilitamiento del Régimen, como en la construcción de un nuevo futuro para nuestro país.


Rafa, Paco y Miguel Ángel mantuvieron desde el primer día una actitud de servicio desinteresado, de humildes portavoces de un mensaje que la jerarquía de la Iglesia, protectora y detentadora del poder, aliada de la riqueza, controladora de la sociedad, había ocultado. Con ellos aprendimos el valor de grandes y hermosas palabras, como igualdad, fraternidad, justicia, misericordia, libertad. Sentimos que era posible la utopía necesaria. Además de a Cristo nos hicieron participes del testimonio de otros grandes hombres como Ghandi, Luther King, Allende, monseñor Romero. Cantamos junto a ellos canciones desconocidas de autores prohibidos: Victor Jara, con “A desalambrar”, “Te recuerdo Amanda”, o aquél Padre nuestro, subversivo y liberador, que decía: “Levántate y mírate las manos, para crecer estréchala a tu hermano, juntos iremos unidos en la sangre, hoy es el tiempo que pudo ser mañana”. Paco Ibáñez, cantando a Machado, Lorca, Miguel Hernández, o Gabriel Celaya, en “La poesía es un arma cargada de futuro”, que Rafa cantaba en todas las muchas ocasiones en que, en el Bar de Ricardo, la charla terminaba en fiesta, y algunos terminamos por memorizarla:


"Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quienes somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo".


  Nacieron inquietudes y era intensamente gratificante ver al cura, al jornalero, convertirse en director de teatro, en profesor, y el joven jornalero en alumno, en actor, en cómplice de una tarea que hacía extender la ilusión en un pueblo oprimido y alienado. La misma gente que había visto al cura entrometido, perseguidor de pecadores, controlador de la vida privada, siempre invitado en la mesa del rico, veía ahora al cura pesando sacos de algodón, con los "ganchos" colgados del cuello, y después en la taberna hablando con sus compañeros de ¿a cuánto lo pagan en “La Corregidora, en “La Suerte”, o “Las Valbuenas”?; dando clases de los cursos de alfabetización de Radio ECCA, ensayando el Mercado, o Jesucristo Superstar; cogiendo la maleta y emigrando a la uva a Francia, o a la aceituna a Torrubia en Jaén. Allí invitaron al obispo (el recordado Monseñor Cirarda) a ir a visitarlos y éste así lo hizo. Imaginad la sorpresa de los aceituneros, del patrón y del obispo al comprobar las condiciones del alojamiento y la sintonía de los curas y sus feligreses-compañeros.


Nada fue gratis, no hay cambio sin sufrimiento. En los últimos años del franquismo, sufrieron incomprensión de unos, críticas, persecución y hostigamiento desde el poder, desde los sectores reaccionarios, y la continua vigilancia desde una superioridad, en el mejor de los casos, superada por las circunstancias. Llegada la democracia, también recelaron algunos elementos de algún partido de izquierdas, en Córdoba y en la Colonia, de aquellos elementos con influencia en la gente y que no controlaban. Sobre todo de los que no se unieron a la tarea de adoctrinamiento partidista con el principal y casi exclusivo objetivo de conseguir y mantenerse en el poder.


Con el tiempo, Rafa Yuste primero y Miguel Ángel se fueron buscando otros frentes dentro de su compromiso. Rafa a Nicaragua y Miguel a Marinaleda. Paco se quedó en Fuente Palmera con una nueva vida, con otras responsabilidades, pero sin abandonar nunca la actitud de servicio, el compromiso con sus valores, sus creencias y sus ideales de justicia. Escribo estas letras, con ocasión de la presentación que realicé del libro Pobres Palabras, del que es autor, que tuvo lugar el día 27 de enero pasado, en Bodegas Campos de Córdoba, de la mano del Ateneo de Córdoba. Espero que alguna vez, desde alguna instancia, oficial o no, de la Colonia de Fuente Palmera, se ponga en valor esta parte de su historia, y a sus protagonistas.


Ver comentarios

Como sabes, Manolo, yo también viví de cerca estos cambios y estoy de acuerdo contigo en la falta de reconocimiento de unos hombres que, por su sentido de justicia, fueron atacados desde todos los frentes.
Pero, con el tiempo, brota la semilla que sembraron.

No registrado (Ernesto Rivero) Comentario realizado el 17 de Junio de 2009 a las 10:49:52    Denunciar comentario

brillante escrito, suscribo tu artículo desde el principio hasta el fijal

Un saludo fraternal

No registrado (manuel mestre) Comentario realizado el 30 de Marzo de 2009 a las 11:37:04    Denunciar comentario

Quique: Yo también te agradezco el comentario. Estoy de acuerdo de que Rafa, en Ochavillo, se la ha reconocido de distintas y merecidas maneras. En este artículo me quiero extender a los tres curas jesuitas y lo que supuso para la Colonia su estancia entre nosotros, en unos momentos tan decisivos. Falta, como tú también dices, ese reconocimiento conjunto. Miguel Ángel y Paco en Carretero,seguro que también tienen ese reconocimiento.
Bueno, en definitiva, ellos saben que dejaron rastro, y humildemente en uno de mis artículos en este blog, quería dejar constancia del gran respeto y aprecio que les profeso.

No registrado (Manolo Delgado) Comentario realizado el 4 de Marzo de 2009 a las 10:51:26    Denunciar comentario

Muy bonito Manuel, estoy de acuerdo contigo en casi todo el escrito, y además estoy contigo en que a estas tres grandes y magníficas personas habría que darle algún día un merecido homenaje o reconocimiento, por su labor de lucha y entrega en los años que pasaron entre nosotros y los que aún pasa el amigo Paco con nosotros. Aunque yo en aquélla época era muy chico sí recuerdos muchas cosas y muchas anécdotas, ya que al estar en el Bar de mi padre Ricardo pués viví muchas vivencias con ellos y con los chavalones de aquellos años 70. En cuanto a lo del principio que estoy de acuerdo en casi todo, me refiero a que al amigo Rafa Yuste ya le hicimos creo que a principios de los ochenta un bonito reconocimiento, cuando yo y Nemesio (ahora en Alicante), dirigíamos el Centro Cultural Casa de la Juventud, que a partir de aquélla noche tan bonita de homenaje, pasó a denominarse "CENTRO CULTURAL CASA DE LA JUVENTUD RAFA YUSTE". Un saludo.

No registrado (Quique) Comentario realizado el 19 de Febrero de 2009 a las 18:01:53    Denunciar comentario
add
 
Otros artículos del autor
 
 
© Octubre 2010 - Ochavillo.com - Powered by Aldea Digital