El blog de Rafa Yuste
 
La conciencia moral
 

Amigo y amiga de Ochavillo: ya sabes que desconocemos casi todo sobre el mundo. En el planeta Tierra, que es la parte del mundo que conocemos un poco, y casi la única que conocemos, a la naturaleza le ha costado miles de millones de años llegar a engendrar la conciencia. Ese sí que ha sido un parto largo. Quizá por eso, muchos miembros de la especie humana nos creemos el ombligo del mundo. No sé si lo somos, pero ciertamente somos conscientes de que, en la tierra no hay otros seres que tengan nuestro grado de conciencia.

El diccionario de la RAE (Real Academia Española) define conciencia (ten en cuenta que tener conciencia es lo mismo que ser consciente) como una [i]propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta[/i]. Me reconozco en lo que siento, pienso y hago y me reconozco, a pesar de los cambios, como el que era hace un año o hace cincuenta años (en mi caso porque ya soy viejo como para poder hablar así). Pero hay otra acepción o significado de conciencia que también me interesa: [i]conocimiento interior del bien y del mal[/i]. Hablemos hoy de la conciencia moral de este mono desnudo, como llamó a la especie humana Desmond Morris.

La conducta animal se mueve dentro del registro férreamente marcado por sus instintos. Los seres humanos no, al menos no totalmente. La conciencia moral va unida a la posibilidad de decir sí o no, al uso de nuestra libertad, y a la posibilidad de que se nos exija responsabilidad por ello. Podemos considerar malo o bueno el comportamiento de un animal, pero no decimos que el animal eligió comportarse bien y, aunque lo castiguemos, sabemos que el animal no es culpable cuando, según nuestro juicio, obra mal.

La conciencia moral se puede desarrollar, se puede educar. Podemos progresar en ella. Tanto la conciencia moral de cada uno como los sistemas morales de la sociedad. No nacemos con la conciencia moral ya madura, sino que la vamos adquiriendo. En realidad la misma humanidad, para la que nacemos capaces, se nos pega al contacto con los demás miembros de nuestra especie. Otro día hablaremos de esto. Hoy quiero enumerarte los grados de la conciencia moral individual, según un autor llamado Kolberg.

1º EL niño no entiende de bueno o malo, más o menos hasta los 5 años. Hace lo que le viene en gana y lo que le dejamos hacer. El bien y el mal se lo dictamos los otros. Me acuerdo de Serrat: “eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca…, deja ya de joder con la pelota”. Cuando este comportamiento es el de personas adultas estamos ante delincuentes potenciales. Hay gente que hace lo que quiere sin mirar si está bien o mal. Y si dejan de hacer algunas cosas es porque los demás (la policía, por ejemplo) se lo impiden.

2º En un segundo grado, el niño admite ya que hay unas reglas de juego, pero se comporta bien o mal como respuesta al comportamiento que los demás tienen con él. Te trata como tú le tratas. Le saludas, te saluda, no lo respetas, no te respeta. Es la ley del talión “ojo por ojo y diente por diente”. También hay muchos adultos que se estancan en este modo de proceder. En él no hay delincuencia, pero sí puro egoísmo.

3º En la adolescencia surge con fuerza el deseo de agradar, de ser aceptados. Se desea responder a las expectativas que tienen sobre nosotros (nuestros padres, nuestros profesores, nuestros amigos y amigas). Quien se estanca en este modo de proceder está muy expuesto al sufrimiento. Porque no podemos agradar a todo el mundo. Y porque no siempre nuestros esfuerzos por agradar se ven compensados.

4º El cuarto estadio es propiamente el estadio de la conciencia moral autónoma y adulta. Me comporto como creo que debo hacerlo, me siento responsable de lo que hago y cumplo con aquello a lo que me he comprometido. Esta madurez puede llegar muy pronto o retrasare mucho o no llegar nunca.

5º Un paso más. Todos somos iguales. Se reconoce en la práctica la igualdad y la dignidad de todas las personas. Todos tienen derechos. Los derechos fundamentales son la vida y la libertad. En este grado se vive y se lucha de modo que todos puedan poseerlos y ejercerlos realmente.

Es bueno, creo, preguntarnos de vez en cuando en qué estadio de conciencia moral estamos. Y si analizamos nuestro comportamiento, nos daremos cuenta de que tenemos algo de cada uno de esos estadios.

Un saludo afectuoso. Rafa Yuste

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El blog de Rafa Yuste. Sus articulos sobe la verdad.Jesuista del siglo 20. Sinduda alguna que la conciencia que nosmuestra Rafa Yuste no es la misma dotrina que enseñara Ignacio de Loyola a sus disipulos.
Yo Juan Diaz Balmont, como colono de Fuente Palmera y teniendo en mis manos parte de la historia del Rey Carlos III y envestigando como creyente las razones que tenia el Rey para el destierro de los Jesuistas de todos sus reinados, dispongo yo de información de las autoridades más competentes desde la fundación de la Compañia de Jesús en el año 1540. Cuando reunido el Parlamento de Ruan en su decreto de 12 de febrero de 1762, por bien del Estado. Y justamente lleno, de horror e indignación al considerar la constante y no interrumpida enseñanzqa de la dotrina de asesinato de los llamados Jesuistas.
Doy a conocer que en mano de notario público y sellado con el sello del PESCADOR Y ALGUNA PERSONA CONSTITUIDA EN DIGNIDAD ESCLESIÁTICA, SE LES DE ENTERAMENTE, ASI EN EL JUICIO COMO FUERA DE EL, LA MISMA FE QUE SE DARIA A MIS PRESENTES ESCRITOS. DADO EN ROMA, EN SANTA MARIA LA MAYOR, CON EL SELLO DEL pESCADOR, EL DIA 21 DE JULIO DE 1773. AÑO QUINTO DEL PONTIFICADO.
Reconozcamos que es una historia amena intima de la Sociedad que por tanto tiempo en aquella y sobresalto a toda orbe cristiano y en aprobioso monopolio de sus dotrinas falaces y acomodaticias a la triste humanidad que Vivian en regiones aun no iluminadas por la antorcha del Evangelio.
Nose como responderia Rafa Yuste a los escritos de estos obipos de Roma de los Jesuistas de Ignacio de Loyola.

No registrado (Juan Diaz Balmont) Comentario realizado el 28 de Septiembre de 2006 a las 17:03:43    Denunciar comentario
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