El blog de Rafa Yuste
 
La Vida
 

Amigas y amigos de Ochavillo: damos por supuesto que todos sabemos lo que es vivir, pero preferiríamos que no nos preguntaran qué es la vida. Vivir es todo menos una rutina. Cada nueva vida sigue suscitando nuestro asombro y nuestra emoción. Y cada muerte nos sorprende como si su realidad fuera algo extraño, como si no pudiéramos acostumbrarnos a su simple obviedad. Nos sobrecogen la existencia y el poder de la vida, pero no menos su contingencia, su indigencia y, finalmente, su acabamiento. Sabemos que la vida es un estado de mayor complejidad y organización de la materia. Y parece que cuanto más complejo y organizado es un organismo, más frágil se vuelve. ¡Que difícil es destruir una piedra y qué fácil es matar una hormiga! ¡Cuánto esfuerzo y cuidado cuesta poner una vida humana en condiciones de mantenerse en la existencia y con qué facilidad se la mata!

Por propia experiencia sabemos que vivir, mantenerse en la vida, no es fácil. Aunque el instinto nos ayuda bastante a sobrevivir, no nos podemos descuidar, el vivir exige dedicación exclusiva. Y si no sólo de vivir se trata, sino de vivir bien, de vivir con dignidad, entonces el esfuerzo y el cuidado, el empeño y la dedicación se tornan inmensurables.

Añadamos a esto que la vida de los demás nos incumbe. No hay peor manera de entender la vida que la del que se desentiende de la vida de los demás. Ya sabéis, no me refiero a inmiscuirse en los ámbitos privados de la vida de los demás, sino a la consideración de que toda vida humana está dotada de dignidad (lo que significa, por lo menos, que no puede ser utilizada puramente como medio, que es un fin en sí misma) y merece nuestro respeto, nuestra consideración y nuestro cuidado.

Vivir juntos nos exige, antes que nada, prohibirnos la gama variada de conductas letales, que se sintetizan en el no matarás y, por el contrario, favorecer las conductas que hacen triunfar las energías de la vida sobre las de la muerte. Y, además de no matar, vivir juntos nos hace responsables de la vida de los demás. Cuanto mayor es nuestro poder sobre la vida de los demás, mayor es nuestra responsabilidad. Cuanto más vulnerable por mi acción se muestra la vida ajena, mayor es mi obligación de cuidarla. Algún filósofo ha visto en el recién nacido el paradigma de la responsabilidad ética: el valor de esa vida y su dependencia, me obliga a comportarme responsablemente respecto a ella. Y lo mismo cabe decir de la persona anciana o, en general, de toda persona dependiente.

De ahí que resulten tan repugnantes los que justifican la destrucción de la vida humana, sea cual sea el motivo. De ahí el estupor ante las manos duras que matan y ante las manos finas que mandan matar. Pero también la indignación que nos causa hoy tanta desconsideración, tanta falta de respeto, tanto descuido ante la vida vulnerable de los débiles. Si un Estado, si una comunidad, si una familia, nos es capaz de garantizar la vida y la dignidad de la vida de sus miembros, ha fracasado (caso distinto es el de quienes poniendo todos los medios a su alcance no lo consiguen). Quien con su vida no contribuye al sostén y a la dignidad de la vida de los demás, debe considerarse un fracasado. Pero, quede claro, cada una y uno en la medida de su poder.

Amigos y amigas de Ochavillo: quiero que mis consideraciones tiendan (como lo que antecede) a lo filosófico y lo ético, pero también quiero que tiendan, cada vez más, a lo biográfico.

Por eso hoy me toca entonar mi gracias a la vida. Otro día hablaremos de lamentos, que también los hay.

Yo doy gracias por vivir y por ser como soy. No elegimos la vida, como no elegimos los padres, ni la mayoría de las circunstancias en que nuestra vida se desarrolla, pero podemos acogerla como un regalo, como un don, como un presente.

La vida es para mí una fuente de alegría, de energía, de deseos inagotables, de búsqueda incesante, de sorpresa, de imaginación, de fantasía.

También es una fuente de comunicación profunda, de ternura, de entrega, de juego, de cariño, de amor. La vida me ha dado una red de amigos y amigas, con los que comparto la amistad, que es compañerismo, convivencia y connivencia, complicidad y lealtad, transparencia y fidelidad.

Mi vida me ha dado una particular perspectiva sobre los seres humanos y sus relaciones, me ha dado una especial sagacidad sobre el grado de sinceridad de los demás y el mío propio, el grado de autenticidad y de libertad de las personas que me rodean. Me ha dado claves de comprensión, de tolerancia, de acogida para lo distinto, lo diverso, lo peculiar, lo raro, lo idiota.

La vida me ha dado un suficiente sentido del humor y sutileza para percibir el revés de la trama de muchas relaciones, creencias, preferencias, poderes, convicciones, perfecciones, santidades. He experimentado, en mí y en los demás, la satisfacción de sentirse profundamente aceptado, comprendido, acogido, estimado y querido y, a la vez, he experimentado, en los demás y en mí, la falsedad de la compasión, la futilidad del desprecio, la irracionalidad del miedo, el pavor de la inseguridad, la crueldad del rechazo.

Acabo como Violeta Parra: [i]Gracias a la vida que me ha dado tanto. [/i] Vosotros y vosotras, amigos y amigas de Ochavillo, estáis entre lo mucho que la vida me ha dado. Gracias.

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P. Yuste: Despues de leer tu artículo, sólo puedo maravillarme de la manera sensilla como describís "lo que es la VIDA". Gracias por tan hermosas palabras. Es cierto, "VIVIR ES TODO MENOS RUTINA". Mirtha, Asunción-Paraguay

No registrado (Mirtha Florentín) Comentario realizado el 1 de Agosto de 2007 a las 20:34:10    Denunciar comentario
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