El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Carta a un amor lunático, casi imaginario.
 


Me gusta que la ensalada de pasta se enfríe al natural, que el agua del arroyo fluya sin barreras, y caminar bajo la lluvia sin paraguas. Me gusta una conversación espontánea, un pensamiento automático y me encanta no sentir miedo ante lo desconocido. Pero también me gusta que esto no siempre sea así. Saber lo que me gusta, a veces no depende de mí.


El sol atiza con su rayos el poema más bonito de Blas infante, no existe un banquete a lo Platón, solo un adiós desconchado. Se recrudecen los últimos días donde se recrudecía la vida del poeta casi gitano, pero ¿A dónde vas mi querida lunática? ¿A dónde vas sin que pueda acompañarte?


Atrás se quedan los días nublados donde yo te tomaba por loca, cercana a la Luna vivías, y yo, privado de cohete gemía. Sin pensar que me esperaba una dura odisea armenia, yo me vestía con mis mejores galas, me acuerdo que lo galo era a ti lo que te asustaba y enloquecía. Menudo recorte sentía en mi piel, cuando ya de últimas me exprimías aquel jugo de joven que duerme contigo, pero que mal sueña que no lo hacía.


Lunática eras,  y de la Luna venías.


Qué ronca queda la madrugada ahora que tu viento se las “pira”, coge  senderos que ama, tu NO llegada es lo que espera mi alma entre los grises arbustos agazapada.


Aunque ya no quieras escuchar mi llanto, se encuentra cercano a la alhambra, un amargo y desconsolado canto, sin semántica, sintáctica, ni palabras. Sin somier se queda mi espalda, sin paseo de los triste mi cama, ¿Qué harán mis mejillas sin tus besos? ¿Qué harán mis mañanas sin tus noches?


Me quedo aquí sentado al fresco y te escribo una carta de adiós medio eterno, quizás nunca la leas o quizás nunca más te vea.


La Luna exige tu presencia, y tú vomitas en la mía, aunque debo confesarte amor lunático, que no importa que me truenes, me escupas o me amarres, que para ti siempre tendré una apertura de labios, una sonrisa sincera y un corazón como un campanario. Un adiós que no es fracaso, un adiós que es locura.



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