El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Viaje a la Normandia
 



VIAJE A LA NORMANDIA


Paris bajo mis pies:


Paris, Calles… ríos de emociones encontradas, Paris, en tus pulmones se respira bohemia, pero también ciudad de guetos alojados en medio de nada.


Monumentalidad en la Paris despersonalizada. Enamorado de ti, Paris, o de mi amparo, Paris.


La Normandía y mi estancia


 Entre las grietas de un aire más primaveral que veraniego, emerge el paisaje normando, verdes praderas con su verde esperanza. Su pasaporte el queso, las vacas y las cabras sus obreros.


En la soledad más profunda y en la introspección más ciega, todo un mundo para mí solo, demasiado grande y silencioso. Atrás se quedaron las cascadas de coches y polución de negro corazón, escribo y leo, pienso y juego.


Otoño


Se materializa el otoño en tus pestañas


Y el clero de tus ojos no me deja ver tus legañas.


 


No llores dulce flor, que me haces llorar a mí también.


 


El otoño es mi estación favorita, donde todo termina y se difumina por la niebla, es olor a mojado, sombra de hojas y un respirar ahogado.


Me miras, y todo es otoño, porque todo termina, termina tu mirada, tus caricias y hasta tus palabras afrancesadas.


Tus pechos ya son otoño, porque ya no me miran a la cara, ni por supuesto se apuntalan ante el roce que mis labios le regalan.


Y es que el otoño me acuna en la soledad más poética, en la Paris más bohemia y en la canción más melancólica.


Y es que el otoño se mete bajo tu falda para a la flor de lis darle alas, la libertad que a otros se les resbala.


El otoño aunque lo quiera, nunca será primavera, pero para mí, el final y el principio que me espera.


 


No llores dulce flor, que esta abeja se marcha para dejarte sin prisión, en este lugar de tierras ajetreadas.


 


Desenlace para Gi-bert


 


Lejana estará la mañana fría entre los contextos mojados de tus recuerdos, como mojados estarán las sábanas ya vacía de llorar tu ausencia a los vientos. Mares de tiempo nos separan, experiencias y futuro nos amurallan.


Mujer de pálida cara y ojos de 1000 cielos, recorres cada bello de mi pluma, mientras esta se lamenta en su escritura la cara sonriente que se difumina, en la Francia del Guillermo el conquistador, en la Grecia más decadente.


Y ahora tallo mis recuerdos con pincel de punta fina para no olvidar cada una de tus palabras, ni la presente imagen de tu hermosura.


Olvidadiza cabeza norteña que me embelesa en la más tristes de mis figuras, un adiós que sabe a hasta luego, un hasta luego que da miedo.


 


Y en la noche más oscura se acicala la más dulce de las envolturas, voilà tu contorno al desnudo.


 


Corazones que se creen tornados y la sangre a borbotones, viendo los pechos disparejos arrodillarse a absorber mis labios de bronce.


 


La noche nos rinde suspiros, la Luna nos mece en su seno, cuando mis pezones acurrucados se acobardan, ante tus ojos y sus reflejos. 


 


Esta noche lloverán cristales a destiempo para vernos inmensos en nuestros juegos carnales, esta noche no habrá lejanía, solo tú, yo, Lilí y un sueño.


 


Y es que me abrazas para llevarme al reino de los cielos, y tus uñas clavadas en mi espalda, me tiran para el infierno. Tu rostro ahora alzado al vuelo, para gritar sin ningún tipo de recelo, lo que se siente cuando se enciende un fuego.


 


Tranquilo está ahora el mar en el océano agitado de mi alcoba. Te detienes y me miras a los ojos, para contarme que perteneces a morfeo. Una suave brisa por la ventana te lleva dejándome solo con el silencio, TODO una realidad de mi mente, y TÚ, sigues lejos, lejos… muy lejos.



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