Ochavillo en las vivencias de Manuel Delgado
 
GUÍA PARA UN DEBATE FALSO
 

 


 


 


En campaña electoral, como en la guerra,  la verdad es la primera víctima. Los estrategas de la mentira, los expertos en el engaño, dirigen las campañas desde la sombra. En estas horas están a dos manos preparando un debate que ya es una mentira enorme en si mismo. Sin embargo el PP perdió en 2004 por la evidencia de la mentira en el 11M y el PSOE perderá por negar la crisis y querer salir de ella favoreciendo a los poderes financieros que la provocaron, a costa de los que siempre dice defender. Lo importante es que hasta ahora, los debates y las campañas siempre los gana el bipartidismo y los intereses a los que sirve, mientras los pierde siempre la democracia y los ciudadanos.


 


España se divide hoy en dos clases de ciudadanos: aquellos a los que les molesta la verdad que cuestiona sus colores y los que buscamos certezas en medio de una maraña de mentiras. Los primeros ciudadanos parten de una identificación con unas siglas y se sienten personalmente atacados por todo lo que pone en peligro que ganen sus posiciones.   Los segundos, los que sabemos lo que se esconde detrás de ese teatro, nos sentimos impotentes para contrarrestar esa farsa destinada a ocultar una realidad que nos aparece como evidente, que la división entre izquierda y derecha, referida a  PP y PSOE, no es real en lo sustantivo. Sabemos que esa convención, esos señuelos, sólo son dos posiciones estéticas que ocultan una verdad que la crudeza de situación nos hace evidente con mucha fuerza: que ambos defienden al mismo patrón y obedecen ciegamente a los mismos poderes reales.  


 


A esos poderes no les afectan cuestiones para ellos adjetivas como el matrimonio gay, o el aborto. De hecho creo que si hoy se han dado esos avances de los que PSOE hace bandera, ha sido posible porque benefician a todos los actores en juego incluida la jerarquía eclesiástica. Nadie con mente limpia negará la sumisión del PSOE a la jerarquía de la Iglesia a la hora de poner en sus manos ingentes cantidades de dinero y un gran nicho de negocio en educación, sanidad, residencias de ancianos, medios de comunicación etc. Así que todo debemos verlo como un trato en el que ellos salen ganando. Se beneficia la Iglesia en lo importante para su jerarquía   que no es otra cosa que el dinero y el control de las mentes. El matrimonio gay y el aborto permite poder atrincherarse en sus posiciones en esos temas, aún sorprendentemente polémicos, a los que coinciden en las mismas políticas económicas. Se consigue la mayor adhesión a la Iglesia y al PP de los contrarios a esos derechos, y el entusiasmo agradecido al PSOE  de muchos de los que defienden la realidad lograda de esos derechos.    


 


Discrepan, por tanto, PP y PSOE en los temas que no traten de las cosas de comer, que no pongan en peligro el tinglado del negocio de los mercados. Me refiero obviamente a lo que se hace durante las legislaturas y no a lo que se dicen en las campañas, pues eso es coyuntural, según las encuestas y otras circunstancias. Ambos coincidirán en hacer guiños a sus propias parroquias y a votantes los “centrados” que suelen ser los más despistados, y creo que es evidente que el PSOE en esta campaña está virando para “atender” a su flanco izquierdo.


 


Pero si hablamos de realidades, tenemos que hablar del drama de esta crisis y de sus causas reales e internas, al margen de la crisis financiera mundial, que es justo de lo que no hablarán. No lo harán porque  ambos han coincidido en dejar a los bancos y grandes promotoras a sus anchas fomentando la burbuja inmobiliaria que elevó a la estratosfera el precio de un bien esencial y el derecho básico a una vivienda. Ambos presumieron  en Europa del “milagro” económico del crecimiento español, que no ha sido más que una borrachera de ladrillo, especulación y corrupción urbanística. Los dos en unidad de intereses se han lucrado de ese negocio especulativo que ha corrompido a la sociedad, sus partidos y sus instituciones. Los escándalos de la  corrupción urbanística tienen en ellos sus mayores culpables y entre sus beneficiarios a muchos de sus cuadros.


Las consecuencias que ha tenido esa cultura del pelotazo en la educación de millones de jóvenes, en la calidad del medio ambiente, nuestro patrimonio natural, el paisaje de nuestras costas, es innegable aunque de eso no se harán responsables ni Rajoy ni Rubalcaba.  Sí discreparán, sin profundizar en lo evidente ni llegar a ningún sitio, en quien nos ha llevado a esta situación económica y a convertirnos a todos en esclavos que vivimos en una deudocracia con  millones de familias hipotecadas en agonía permanente.  


Tampoco hablarán de la licencia para robar que hoy tienen las grandes compañías de telefonía, energía, seguros, por no hablar de los bancos y sus abusos a usuarios impositores y prestatarios. Ocultarán el crimen cometido en todas las cajas y como las han arruinado, (¿saqueado mejor?), los políticos-banqueros (y algún cura), para entregarlas después de ser saneadas con nuestro dinero a los “profesionales” de la usura de la banca “tradicional”. Nadie me negará que los políticos e han ayudado desde las cajas y los ayuntamientos a inflar la burbuja hipotecaria e inmobiliaria y sus bolsillos, con un resultado que no puede ser más evidente. Pues de eso no, mañana, ni una palabra.


 


Rajoy simplemente hablará de simplezas como “que no se puede gastar lo que no se tiene” y de austeridad, y se echarán a la cara los déficit de sus comunidades autónomas y ayuntamientos. Rubalcaba atacará con la defensa de los servicios públicos y el estado de bienestar. No escucharemos la realidad que viven a diario los usuarios en escuelas, juzgados u hospitales. Ocultarán las opiniones de los servidores públicos. Negarán la realidad de que es imposible mantener esos servicios sin una fiscalidad progresiva, la eliminación del fraude fiscal y otros fraudes, el clientelismo, el despilfarro y la corrupción. No oiremos hablar de transparencia y participación en la gestión, ni de privatizaciones encubiertas. Menos aún de planificación y control democrático.  


 


Ninguno de esos señores reconocerá que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia. Hablará Rajoy, incluso peligrosamente, de un gobierno fuerte, pero será fuerte con los débiles como vemos en todos los países con todos los gobiernos siempre débiles y al servicio de los poderosos mercados. Rubalcaba no dirá que con menos democracia, con reformas constitucionales, laborales, recortes y privatizaciones, impuestas por los mercados,  los problemas se agravan.


 


En definitiva, el verdadero debate está en la calle y nunca será televisado. El verdadero debate es el que estamos teniendo los ciudadanos conscientes con los poderes financieros. En ese debate la payasada del lunes es un estorbo, una distracción para incautos a mayor gloria del ego de los fanáticos de la irrealidad.  


 


           


 


 


Ver comentarios

No existen comentarios para este artículo.
add
 
Otros artículos del autor
 
 
© Octubre 2010 - Ochavillo.com - Powered by Aldea Digital