Ochavillo en las vivencias de Manuel Delgado
 
EL VOTO DE LOS INCONSCIENTES
 

 

Mientras los aparatos de los partidos están “cocinando” las listas y decidiendo por nosotros a los que nos traicionarán, a los que no nos representarán, a los que vivirán a nuestra costa y pagaremos para que en nuestro nombre nos roben los derechos y el futuro, mientras en estos días están eligiendo por nosotros, muchos ya tienen la papeleta lista, los votos que casi no hace falta contar. Todo está decidido, atado y bien atado, ganará el PP. No hace falta campaña, la campaña está hecha. El run run de miles de anónimos votantes sentencian, con las palabras de su mejor representante, Belén Estebán, que hasta que no gane el PP la crisis no se acaba: “Vote al PSOE y me ha ido mal. Ahora votaré al PP”. Pero la decisión es inmediatamente explicada en cada bar, en el quiosco y en las reuniones familiares: “Cuando gane el PP los que tienen los dineros volverán a invertir y habrá trabajo”. 



Es el mismo razonamiento simple y efectivo que explica los resultados en tantos ayuntamientos y comunidades el 22 de mayo. En Córdoba, donde en conjunto nunca ganó la derecha aunque gobernó cuatro años por su desunión, la victoria de los que “van a dar trabajo” ha sido espectacular, esa era la promesa del PP y del corrupto Sandokan. Esa promesa no es distinta de la que siempre hace el PSOE públicamente, mientras que en privado aseguraba a los fieles una salida personal en la administración y sus entornos. 



Contra esa estrategia no hay nada que hacer. Habrá que tener paciencia para que, como ha ocurrido en Reino Unido y otros sitios, la gente compruebe que nada cambiará, como nada ha cambiado para mejor en los reinos del PP. Los del dinero de verdad, con cualquier gobierno, no invierten en producir y dar trabajo sino en la especulación que da dinero rápido y fácil. Si invierten algo en ello, lo hacen en otros países con costes mucho más bajos, mientras sus gobiernos títeres les van recortando derechos a los pocos trabajadores activos de aquí en los sectores de servicios que no se pueden deslocalizar, como el comercio o el turismo. Mientras atacan a los servicios públicos, a los funcionarios y pensionistas para privatizarlos, precarizarlos y fomentar los fondos privados de pensiones con los que jugarán en la timba para hacer que suban artificialmente los precios de los bienes esenciales como ayer la vivienda, la energía o los alimentos.



Ya sé que esa paciencia es suicida para todos, para los que vemos venir una catástrofe mayor y para los que van a ayudar a provocarla. No se me escapa que nuestro mensaje de alarma no va a poder contrarrestar lo que los medios incuban cada día en las mentes “estebanizadas”, golpeadas por la telebasura, el deporte y los mensajes letales para las mentes de la plebe colectivamente intoxicadas por el poco pan y el mucho circo. Pero tenemos que seguir aprovechando los resquicios que nos deja el poder de la palabra y la explicación de una realidad cada vez más presente en nuestras calles, familias y pueblos. Cada ERE, cada desahucio, cada recorte, cada corrupción, cada injusticia debe ser nuestro punto de apoyo para usar la palanca de la palabra y el ejemplo, para que nadie quede en la cuneta, culpándose de la tragedia personal, y aceptando la explicación que extiende el sistema: “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, mientras los culpables ganan más que nunca con la crisis. 



Cada ciudadano está llamado a ser parte de la solución o a colaborar en aumentar el problema. Tiene que decidir cada día si sus actos cotidianos, su desidia o su colaboración, ayudan a que las cosas cambien o se perpetúe la caída hacia el abismo. Nosotros, los poquitos que podáis estar leyendo estas letras debemos ser conscientes de que resistir, ayudar, construir, sin esperar milagros inmediatos, es la única manera de vencer. Que vencer exige vencer nuestro miedo y nuestro desánimo cada día.  Exige unirnos por encima de cualquier identificación a siglas u otras distracciones que nos puedan dividir por muy respetables que sean. Cada uno dentro y fuera de su grupo, partido, sindicato, debe ser ejemplo de tolerancia y unidad, mensajero de la razón común, debemos crecer como personas que sabemos comprender la naturaleza de los seres humanos, que luchando por el bien, también desgraciadamente dejándonos arrastrar por el mal, no tenemos otros límites que los que nos autoimpongamos.


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