El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Querido Alfonso
 


Querido Alfonso, ´


Te escribo para decirte que te echo de menos, he olvidado ya la veloz noria que movía tu motivación, ese espíritu espartano que te invadía en la mañana. Anoche recogí los pedazos de tu cuerpo que yacían esparcidos por el suelo del salón, la televisión estaba encendida y el ventanal estaba explayadamente abierto, como una persona de vida dura, como la boca de un gran túnel, y dejaba pasar el murmullo del aire primaveral que se colaba en cualquier rendija. Descansé en la soledad de aquellas paredes, en la oscuridad de la noche ya que te dejaste la bombilla fundida. En la esquina posaba la escultura que tanto veneras, de negro color y de calizo material, su cuerpo semidesnudo y atrevido insinuando su pecho izquierdo, figura que esbozaba una sonrisa que parecía regalarme.


Te perdiste en el largo camino, pero sé que lo hiciste para encontrarte luego mejor.


La sombra se acerca a los contornos de donde procede, todo se formará en un único núcleo lógico, lejos de marionetas desgastadas, lejos de largas Lunas de tormento, lejos de azarosos dolores.


Recolocaba tu cuerpo pedazo a pedazo, un puzles gigantesco dominado por lo abstracto. Difícil reto para cualquier humano, formarse, pero más pedregoso es crearse desde dentro. Soy el que saca arena desde un agujero para luego tomar ladrillos de fuera, así aúno  los miembros de tu cuerpo, con esmero y delicadeza, como si fueses una frágil amapola a punto de deshojarse. Pero hay un punto que me hace temblar, que me hace sollozar al son de unos tambores africanos, me hace sentir como si estuviera en un campo de trigo y las matas me consumieran, camino sin orientación, si estrella polar. Esta parte es el rostro, la sombra aparente y la que debe dar luz, el canal que expulsa todas tus emociones, anhelos y libertades, ese juego de espejos intrincados que direccionan tu alma.


Y es que Alfonso, te echo de menos.  


Aquella vez que abrigabas con tu sensibilidad el tronco de mi ánima, te encontrabas sin tela que nublara tu naturalidad, con mirada lujuriosa que arrancaba mi deseo de poseerte, de bailar el lago de los cisnes con los rayos de Luna de testigos, cual historieta de Jorge Manrique. Me rozabas y yo me derretía, sonreías porque sabías en qué pensaba, qué sentía. Al fin percibía tus labios unidos con los míos, nada me importaba en ese momento, tus brazos rodeando mi cintura simbolizaba el soga que nos unía, doble nudo en sus extremos. Te detuviste…cerré los ojos temiéndome lo peor, suplicando algo a alguien… Ya no tenías mirada, ya no tenías sentimientos, ya no estabas aquí para abrazarme y besarme, todo se quedó flotando en el viento como una nube de humo que se dispersa. De mis lágrimas hice una barca en la que escapar a la ciudad del olvido de donde ahora te escribo.


Porque Alfonso, lo peor en la vida es echarse de menos a sí mismo.    


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Todos nos buscamos en medio de la niebla. Muy bueno, Alfonso.

Manuel Delgado Milán Comentario realizado el 21 de Abril de 2011 a las 02:30:24    Denunciar comentario

Excelente, otra vez amigo mio vuelves a superarte. Un abrazo Alfonso.

Dani Hens Comentario realizado el 12 de Abril de 2011 a las 14:11:36    Denunciar comentario
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