El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Marla ya no sonríe
 

Hoy Marla abre los ojos entre mares de sal y entre mantos de arena, hoy pesa su tristeza, el dolor taladra su cabeza como el martillo rompe sus venas y vuelve a la noche oscura porque desea pasear con la desbocada primavera. Deja semillas en la tierra que crecerán entre flores marchitas y entre drogas de amor, gritando a los candados que solo son presos de su condición.


Pero se levanta entre algodones de clavos y respirando aire de enajenación amarga que conducen su imaginación a la más extrema realidad. Se acabó el surrealismo para afrontar un nuevo día. Esta vez no, esta vez Marla no disparará flores sino verdades. En acto de coraje y de difícil decisión, intentando retener la lágrima que empujaba con fuerza,  con un rostro repleto de furia e incrustando sus uñas de color verde esperanza entre las carnes de la palma de sus manos, tomó la pistola que ilegalmente guardaba su marido en el cajón del mueble que había observado su sufrimiento. Con paso filme y los músculo en tensión, alimentando su rabia con el escuchar hipnótico de su corazón acelerado,  pasa al salón, perece que nada puede detenerla, parece que su consciencia está ida o quizás más presente que ningún día.


La luz del sol desde la ventana le alumbra intermitentemente temerosa de lo que  ve, ya no queda opción, no hay nada que la pueda detener. Salió a la calle dejándose la puerta abierta y la televisión encendida desde donde todavía resonaba en sus oídos las payasadas y las enmascaradas palabras de los que  gobiernan aquella lamentable pantalla día a día.  Se detuvo en mitad de aquel rio físico, navegado por vehículos a cuatro ruedas y por indiferencia humana, “todos con corbata, vendiendo su buena imagen al mundo, pero cargados de malos propósitos, esos fieles mentirosos que te prometen una vida feliz y solo son vampiros carroñeros a los que les importa solo el sucio dinero” se repetía allí plantada mientras las bocinas le pitaban.


Marla, como acto automático e inconsciente introdujo aquella pistola en su boca y sin ningún tipo de duda ni miedo apretó el gatillo, segundos después caía desplomado su cuerpo sin vida precedido de un breve temblor epiléptico. Los vehículos siguieron circulando sin reparo alguno, esquivando aquel estorbo que yacía en el asfalto, no podían permitir el lujo de faltar al trabajo ni ensuciar sus relucientes corbatas, su jefe no se lo permitiría.


“Marla ya es historia, pero las cosas irán bien, lo intentaremos con más fuerza aún” las palabras  se pierden en la lejanía del miedo, y Marla se perdió en el valor de la impotencia…  


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