El blog de Alfonso Balmón Jiménez
 
Un conflicto de mentiras
 

Y todo tiene un fin, mas todo se intenta llevar al control, a la manipulación, se trata de mancillar lo digno, lo intocable, y yo me lo tengo que creer. No acepto las limitaciones porque realmente no sé si son limitaciones. Se intenta hacer lo más abstracto, objetivo, extraerlo de su órbita de incomprensión y hacerlo ley natural, orden, por todo el interés de los intereses. Y cuando atacas con la verdad, cuando expandes el mar del desconcierto, ellos cierran las puertas de sus oídos, no quieren saberlo, pensarlo, solo odiarlo, atentan contra su ley, contra sus sentimientos, no soportan la incongruencia, les vuelve locos, desvarían, no saben dónde mirar, y solo apelan a lo normal, a lo establecido. Por una parte lo entiendo, esa arma del humano de protegerse contra cualquier injuria que atente a sus bases de comprensión, todo aquello que dispare contra el criterio que ha guiado sus decisiones y que sus hijos tomarán como ciertas. No se toman el placer, o el dolor, de discutir o criticar lo que siempre han creído, no son capaces de coger un descanso a la luz del atardecer para cuestionar su alrededor, por qué eso está ahí y no allí. Pero claro, quién iba a destrozar su seguridad e incluso su felicidad, quién iba a rondar por los caminos de depresión y la desolación habiendo un mundo que piense y cuestione por ti, quién iba a sacrificar su eternidad. Y luego se ruborizan cuando ven un cardo salido del tiesto, pero un cardo que atenta contra sus bases, un cardo que hay que desmantelar, destruir, humillar. Qué mejor expresión de dominancia y cultura que utilizar la palabrería de lo que tú crees sensato y colocar tu persona en lo más alto de la idiotez, hablar de libertad para luego someter a todo aquel que saca una mano del tiesto, someterlo al dictador que hoy predomina, que es el sentido común. Pero este mundo te ha dado el goce, el suspiro de poderte acostar sin ningún remordimiento redundante, sin poder retorcerte cual lobo mal herido en su lecho. Parrafearás para sacar tu odio, tu sangre caducada e intentar inyectar veneno en la piel de cualquiera, necesitas aliviar tu desánimo y tu soledad, y no te das cuenta que solo lloras por lo boca.
Pues sí, ahora soy yo el que se toma el placer de escupir sapos y culebras malditas, el que utiliza el veneno para contrarrestar el antídoto, el que quiere criticar las otras verdades. Quizá sea por lo mismo que todos, quizá sea porque solo tengo que soltar el odio, el miedo o la duda de lo que pienso, Porque yo utilizo la valentía y el coraje para dudar de mis pensamientos, para reflexionar si estaré en lo cierto o no sin hipotecar mi vida ni la seguridad de mis actos. Quizá yo haya parrafeado por las mismas razones de odio y venganza que todos vosotros, pero hay una gran diferencia, y es que yo lo reconozco, tengo la fuerza para darme cuenta, y cuestionarme a mí mismo.

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